Cuan­do logres tu deseo en la lucha por vencer y el mun­do te haga rey por un día, ve al espe­jo y obsér­vate bien, a ver qué te dice el hom­bre que mira. Ni tu padre, ni tu madre o tu mujer serán en la vida tus jue­ces; la sen­ten­cia que bus­ca tu ser será la de aquel que te mira de frente. Pen­sarán que eres un chico estu­pen­do y te dirán que eres mar­avil­loso, pero el del espe­jo te lla­mará zopen­co si no le puedes mirar a los ojos. Procu­ra agradar­le sin pen­sar en el resto, pues él será quien…

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