Ama tu ofi­cio, tu vocación, tu estrel­la, aque­l­lo para lo que sirves, aque­l­lo en que real­mente, eres uno entre los hom­bres, esfuérzate en tu que­hac­er como si de cada detalle que pien­sas, de cada pal­abra que dices, de cada pieza que colo­cas, de cada mar­tilla­zo que das, dependiese la sal­vación de la humanidad. Porque depende, créeme. Si olvidán­dote de ti mis­mo haces todo lo que puedes en tu tra­ba­jo, haces más que el emper­ador que rige automáti­ca­mente sus esta­dos; haces más que el que inven­ta teorías uni­ver­sales sólo para sat­is­fac­er su vanidad, haces más…

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