Vivía en Bag­dad un com­er­ciante lla­ma­do Zaguir. Hom­bre cul­to y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apre­cia­ba mucho. Un día, mien­tras Ahmed pasea­ba por el mer­ca­do, se encon­tró con la Muerte, quien le miró con una mue­ca extraña. Asus­ta­do, echó a cor­rer y no se detu­vo has­ta lle­gar a casa. Una vez allí le con­tó a su señor lo ocur­ri­do y le pidió un cabal­lo dicien­do que se iría a Samar­ra, donde tenía unos pari­entes, para de ese modo escapar de la Muerte. Zaguir no tuvo incon­ve­niente en prestar­le el cabal­lo más veloz de su cuadra,…

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