La princesa cavaller

… No te’ls creguis quan et digu­in que les prince­ses tenen els cabells llargs i rossos i la pell fina com pa d’àngel. Algunes tenen el cabell curt i rabiosa­ment negre, i van a cav­all o en bici­cle­ta per tot arreu, i es fan crostes als genolls i s’empastifen les mans i els peus i neden despul­lades en l’aigua gela­da del riu i després s’eix­uguen al sol com llan­gar­daixos. I fan molt de soroll quan riuen. Tor­nen a casa pel bosc, amb els peus descalços i l’olor de la ter­ra adheri­da per sem­pre a la pell, als cabells, al ven­tre. Tor­nen a casa amb gana de lloba…

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Ciudadano del mundo

Yo soy español inte­gral y me sería imposi­ble vivir fuera de mis límites geográ­fi­cos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy her­mano de todos y exe­cro al hom­bre que se sac­ri­fi­ca por una idea nacional­ista, abstrac­ta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una ven­da en los ojos. El chi­no bueno está más cer­ca de mí que el español malo. Can­to a España y la sien­to has­ta la médu­la, pero antes que esto soy hom­bre del mun­do y her­mano de todos. Des­de luego no creo en…

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El hombre del espejo

Cuan­do logres tu deseo en la lucha por vencer y el mun­do te haga rey por un día, ve al espe­jo y obsér­vate bien, a ver qué te dice el hom­bre que mira. Ni tu padre, ni tu madre o tu mujer serán en la vida tus jue­ces; la sen­ten­cia que bus­ca tu ser será la de aquel que te mira de frente. Pen­sarán que eres un chico estu­pen­do y te dirán que eres mar­avil­loso, pero el del espe­jo te lla­mará zopen­co si no le puedes mirar a los ojos. Procu­ra agradar­le sin pen­sar en el resto, pues él será quien…

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¿Qué es vivir?

[…] La vida, en efec­to, deja un mar­gen de posi­bil­i­dades den­tro del mun­do, pero no somos libres para estar o no en este mun­do que es el de aho­ra. Cabe renun­ciar a la vida, pero si se vive no cabe ele­gir el mun­do en que se vive. Esto da a nues­tra exis­ten­cia un gesto ter­ri­ble­mente dramáti­co. Vivir no es entrar por gus­to en un sitio pre­vi­a­mente elegi­do a sabor, como se elige el teatro después de cenar ‑sino que es encon­trarse de pron­to, y sin saber cómo, caí­do, sumergi­do, proyec­ta­do en un mun­do incan­je­able, en…

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