Hay horas que devolve­mos intac­tas al final del día. Las hemos tenido entre las manos y no hemos sabido qué hac­er con ellas. No por pereza, sino por exce­so de posi­bil­i­dades. El hom­bre que puede hac­er cualquier cosa, rara vez hace algo.

La lib­er­tad sin for­ma es otra man­era de vértigo.